Sistema de salud mexicano: una crisis que trasciende lo presupuestario

En 2024 México destinó apenas 2.85% del PIB a salud pública, menos de la mitad del 6% recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Esta insuficiente inversión se refleja directamente en la experiencia de los usuarios: según la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) del INEGI, solo uno de cada dos se siente satisfecho con la atención recibida.


La crisis es evidente: servicios saturados, negación de atención, citas lejanas, tiempos de espera excesivos, concentración de la alta especialidad en grandes ciudades, falta de médicos en comunidades remotas y un déficit de medicinas, vacunas e insumos. Pero el problema va más allá de los recursos: se traduce también en la pérdida de dignidad en la atención, tanto para los pacientes como para el propio personal médico.


En cuanto al sistema privado, cada vez son más quienes acuden a consultorios anexos a farmacias pues el primer nivel del sistema público no les brinda soluciones. Otro punto crítico es la actuación de las aseguradoras, que con frecuencia retrasan autorizaciones o recurren a tecnicismos con el objetivo de negar coberturas. La falta de regulación y supervisión efectiva en este sector vulnera a los usuarios en momentos de máxima vulnerabilidad.


Paradójicamente, esta crisis convive con un capital humano altamente capacitado. Sin embargo, muchos profesionales de la salud han perdido la motivación, resultado del burnout: cargas de trabajo inhumanas, turnos excesivos y la presión de trabajar sin recursos ni reconocimiento.


A ello se suma un escenario complejo en materia de derechos: la objeción de conciencia se limita de facto y se judicializan intervenciones médicas, exponiendo al personal a consecuencias penales. Como se ha señalado, “el personal de salud está en la primera línea de una guerra sin municiones, y sus heridas —emocionales y psicológicas— son ignoradas por el propio sistema que debe defenderlos.”


En el ámbito jurídico, este panorama abre una pregunta esencial: ¿cómo garantizar el derecho constitucional a la protección de la salud (artículo 4° de la Constitución) en un sistema atravesado por saturación, burocracia, desigualdad y deshumanización?


Como conclusión: la crisis del sistema de salud no es solo presupuestaria, sino también humana y estructural. Superarla requiere un enfoque integral:


1. Dignificar al capital humano: implementar programas obligatorios de salud mental, mantener  exigencia académica a residentes, erradicar el maltrato hacia ellos y ofrecerles apoyos económicos dignos.


2. Liderazgo y gestión profesional: colocar la dirección hospitalaria en manos de gerentes especializados,


3. Prevención: fortalecer la medicina preventiva y diseñar políticas públicas que reduzcan la carga de la atención curativa y de rehabilitación.

4. Reducir la burocracia: agilizar procesos tanto en instituciones públicas como en aseguradoras privadas.


Sanar el sistema de salud mexicano exige más que incrementar recursos: implica restaurar su razón de ser, proteger la vida y la dignidad de quienes lo integran, en ambos lados del escritorio.


Lee el artículo completo en: Sistema de salud en terapiaintensiva: diagnóstico de un colapso

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